PRÓLOGOPRÓLOGOPRÓLOGO
Nada de lo que vemos es lo que parece. Pues todo aquello que damos por hecho bien podría ser únicamente la manera en que hemos apren-dido a interpretar. Sin un acuerdo previo, no podríamos establecer qué es lo que significa cada cosa y su relación con lo demás, y desde allí, es donde podemos encontrar muchas creencias que nos han llevado al su-frimiento.
El perdón no es más que un cambio en nuestra manera de interpretar lo que nos sucede, pero eso sí, con el propósito de encontrar la libertad interior que nos acerque a nuestro ser espiritual. Quizá dicho desde la visión de Platón: es la salida de la caverna, es el hombre libre de la esclavitud de su propio pensamiento limitado del mundo físico y su acercamiento al mundo de las ideas.
Sin el perdón, podemos ver un prisionero que creía nacer únicamente para clavar su mirada en las historias de las imágenes proyectadas sobre una pared a la que ha llamado “vida” y que cobra significado, en un constante movimiento al que ha llamado tiempo. Enlazó su respirar con el imaginado mundo que parece nacer y morir a medida que él se agota, descansa por un momento y vuelve abrir sus cansados ojos para seguir mirando la misma historia representada con personajes diferentes y ac-ciones que se repiten en un eterno retorno al dolor. Sin el perdón, el prisionero no puede escapar de las proyecciones pues las considera su realidad; su mundo físico que se ha vuelto sobre él y lo tiene castigado. No pregunta, pues dice saber. No se mueve, no escucha, no vive. Solo cree sobrevivir.
El perdón levanta a este encadenado, cuestionándose la realidad de lo que ve. Inicia con un deseo, pero termina conociendo la verdad. En su viaje no va solo pues otro liberto ha llegado a mostrarle el camino.

La llave de la felicidad

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